Colina y los secretos

 Pero, con el paso del tiempo, los secretos se vuelven más mentirosos y más turbios. Pierden su ingenuidad. Desde ese momento hay que aprender a mentir si quieres decir la verdad. Es también cuando descubres que lo más admirable de tus amigos no es que te cuenten las verdades, sino que te mientan bien con afecto, sin engañarte, o sin hacerlo más de la cuenta. Entonces compruebas que llegas a conocer más a la gente si dejas de saber cómo son y si, por añadidura, ni siquiera te interesa. Te ves maduro para reconocer lo solo y aislado que estás. Percibes que ya no tienes mucho que esconder porque todo tú te has convertido en un misterio difícil de desentrañar. Te gustaría abandonar ser transparente y abandonar al viento cuanto sabes de ti y de quienes te rodean. Y piensas en la recóndita felicidad de estar loco, cuando, a  pesar de sentirte translúcido, disfrutas sin que nadie te entienda. Te aproximas así a la sabrosa recomendación de Gracián: "Que te conozcan todos pero ninguno te abarque".

Fernando Colina. La belleza de los locos, págs. 44-45.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los Ministerios de George Orwell en 1984

Jaime Urrutia y el casticismo