Graham Greene y los privilegios

 El burócrata de edad habló de nuevo y dijo:

- Yo sí. Yo tengo derecho a hablar. Vamos desencaminados en este asunto. Todo el mundo tiene que participar en el sorteo. No va a ser el último que hagamos e imagínense que hubiera una clase privilegiada... Los que se dejan para el final. Los demás no tardarían tanto en odiarnos. Quedaremos excluidos de vuestro miedo...


Del sorteo saldrían tres prisioneros que serían fusilados al día siguiente.

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