El valor que el niño tiene para su madre depende no solo de ser producto, sino también del valor que cada cultura otorga a la madre en calidad de tal, en su función de “portadora de los intereses sexuales de la humanidad”(Freud, 1908). El hijo tiene para cada mujer un valor simbólico según lo que de su deseo y su goce se juega en la maternidad, de acuerdo a su posición particular respecto de los ideales de la cultura a la que pertenece.